Desde que inicié el master en Gestión Pública, Liderazgo Político y Comunicación de la Universidad de Alicante vengo reflexionando sobre la temática de mi trabajo final. Una idea que ya me inquietaba cuando estudiaba las oposiciones es la falta de educación acerca del Estado social y democrático de derecho que promulga el artículo 1.1. de nuestra Constitución Española del ‘78.
En estos días previos a las elecciones y especialmente a raíz de las manifestaciones, entrevistas, comentarios y artículos que han circulado, me reafirmo aun más en la necesidad de una adecuada formación en democracia. Pues ¿cómo venimos a exigir que esto sea posible si apenas conocemos las reglas del juego -nuestra legislación-? ¿cómo vamos a poner en marcha los postulados de la gobernanza pública? ¿cómo trabajar por un Estado de Bienestar, si se está perdiendo la credibilidad en el sistema y sus instituciones, si no existe ya la dignidad de la función pública?
Espero que como tantos problemas, la solución se encuentre en la formación para crecer en el conocimiento y conseguir no una democracia real sino una sociedad realmente democrática.
Estoy totalmente de acuerdo, espero que el fomento de formación y cultura juntas hagan crecer a una generación más culta e inteligente,y con ello de origen a una nueva clase política, verdaderamente implicada en contra del sistema capitalista que actualmente tenemos y que hemos visto desde hace ya años que no tiene ningún futuro.
ResponderEliminarEn el marco de un modelo de estado social y democrático de derecho, los derechos ocupan una posición institucional que supera las visiones reduccionistas del liberalismo de las primeras épocas, en la que los derechos eran vistos únicamente como derechos de libertad con respecto al Estado.
ResponderEliminarLa evolución de los derechos se fundamenta en una línea interventora del papel del Estado en los diversos ámbitos individuales y colectivos de la vida de la persona, la consolidación de la constitución democrática como norma jurídica suprema y el aumento de la democracia en la vida social han ocasionado que los derechos y las libertades, además de mantener su condición de derechos públicos subjectivos, fruto de la tradición liberal heredada, también presenten una dimensión objetiva e institucional.