Mucho hemos insistido en la necesidad de entender el ejercicio de la política como servicio y no como beneficio pero, posiblemente olvidamos que la cara de la Administración Pública que percibe el ciudadano es la del funcionario. Por eso, es preciso insistir en el concepto de administración como servicio para que nadie dude de que más administración implica mejoras en el estado del bienestar y una mayor contraprestación a los impuestos que todos pagamos.
Las medidas del gobierno en el pasado para congelar el sueldo de los funcionarios y las innovadoras soluciones del gobierno de Rodríguez Zapatero relativas a la reducción de los salarios de los trabajadores públicos se han vendido a la ciudadanía como ejercicios de austeridad en el gasto y lo peor es que muchos ciudadanos han caído en la trampa de pensar que unos médicos, maestros, bomberos, enfermeros y personal que atiende sus solicitudes y reclamaciones suponen un ahorro para todos y no el peor ataque que se puede dirigir a su bienestar. Por ello, quiero animar a los funcionarios y a sus representantes sindicales a profundizar en la cultura del ejercicio de la función pública como servicio y a sindicatos y políticos a plantear el ahorro en el gasto público desde la simplificación de la administración, evitando desdoblamientos innecesarios de puestos de trabajo e incluso estableciendo objetivos y controles de productividad. Eso, que implicaría remodelar la administración para evitar gastos suntuarios, eliminar estructuras obsoletas como delegaciones de gobierno, diputaciones y hasta el senado, es lo que sanearía las cuentas de gobiernos nacionales, autonómicos y locales y supondría una auténtica austeridad. Lo otro es sólo fruto de la mediocridad de buena parte de la actual clase política.